Esta mañana después de estar apagando la repetición de alarma hasta dos horas, como normalmente me está pasando esta semana, me he puesto con el proyecto de seguridad vial para la beca de Fernando Alonso. La profesora parecía que me iba a echar una mano, pero finalmente tendré que currármelo yo sola, mañana por la mañana tengo que acabarlo y así poder disfrutar a tope el poco tiempo que me queda.
Llegué tarde a clase y ya estuvieron mandándome Olga y Ajay mensajes para ver donde andaba, pues habíamos quedado en ir a un restaurante hindú después de clase. Como pasa todas las semanas gente nueva entra en el curso. Hoy un chico de Kenia, negro negro, pero con nombre europeo, Peter; me ha recordado a Matar, si mañana vuelve me sentaré cerca de él para charlar y a ver si se apunta a Caravela (que estaba en obras y no se si estará listo para mañana) o a la fiesta brasileña del viernes para mi despedida a la que se ha apuntado mucha gente. Estoy orgullosa y contenta de haber hecho buenos amigos aquí en Hamburgo, de haber conocido a mucha gente, y saber que también me echarán de menos (Ajay, el hombre hindú con el que he ido a cenar, lleva repitiéndomelo dos días; que porcierto se quedó sorprendido de que tuviese 22,pues él creía que tenía treinta y pico, me quité unos 10 años de encima al decírselo. Me ha cogido mucho cariño, tal vez le recuerde a se hermana).
La verdad que ir al restaurante ha sido un acierto, ha sido muy muy interesante y la comida ha sido espectacular. En un principio Ajay iba a prepararnos a Olga y a mí una cena en su casa, pero él y su mujer Anne han preferido llevarnos al restaurante de su amigo y a sido mejor, pues hemos podido hablar tranquilamente y disfrutar todos de la comida.
El local era acogedor, tenían unas mesas con bancos de madera y telas acolchadas que pegados a la cristalera de la calle formaban un espacio recogido agradable; y el ambiente con la música hindú de fondo relajaba. Mientras Olga Ajay y yo esperábamos a Anne nos pusieron una torta enorme que sabía a patata frita Deltas, acompañado con un té típico hindú, llamado Chai, hecho con leche y jengibre, una mezcla algo picante pero dulce al mismo tiempo, pero así son los sabores orientales. Este té era el preludio de la infinidad de sabores mezclados que nuestras papilas gustativas iban a saborear.
El plato entrante que nos pusieron mientras se preparaba la comida tenía el aspecto de un plato de patatas cocidas con mayonesa y pimentón por encima, pero nada tenía que ver con eso. En la base de cada bultito había una galleta crujiente y dulce que al ir mordiendo se mezclaba con la salsa de yogurt y la agridulce que había encima, con algo de picante al final, una increíble mezcla de sabores que te hacía disfrutar de un delicioso y diferente bocado a cada mordisco. Espectacular!! Cerrando los ojos intentaba averiguar que podía ser lo que llevaba ese plato, pero simplemente la mezcla y el cambio de sabores era lo que le hacía ideal.
Durante este tiempo de espera Ajay nos estuvo enseñando fotos de su país y su familia a través de un libro que tenía resumido el viaje que hizo Anne a la India. Estaba perfectamente encuadernado y organizado con muchas notas escritas, todo preparado con un programa que se descarga de Internet y así obtienes un libro de fotos, estilo presentación power-point. Ya les he pedido que me pasen la dirección para poder yo organizar las fotos de mis viajes.
El segundo plato de entrante fue la crema de yogurt con pepino que tanto prepara mi padre, pero con mucho menos pepino y mucho más rica (tendría que probar la original para poder superarla, me acordaba de él en cada plato, pues él los cocina muy bien, pero si pudiese probar todo aquello podría conocer la auténtica comida hindú) acompañado con un pan fino en forma de torta, semejante al pan de pita. Para mi sorpresa con la comida nos sirvieron 5 variedades distintas de este tipo de pan esponjoso y suave, y crujiente por el tueste en algunos casos, cada uno con distintos matices.
Pedimos tres platos de verduras y uno de pollo. Ajay procede de una ciudad donde culturalmente no se como carne, es vegetariano y su mujer le pide permiso para comerla, pues realmente él piensa que no debe comer esos seres vivos, pero a Olga le encanta el pollo y no dudó en probar una al estilo hindú. La mayoría de la comida suele ser muy picante, pero lo que pedimos tenía un sabor muy agradable, las espinacas con salsa de yogurt y tofu era lo más picante, pero que se rebajaba muy bien con la ensalada de pepino, zanahoria y rábanos con salsa de yogurt; pues el té picante realizaba el efecto contrario. La verdura con jengibre y canela era la que más me gustó y la comí con las manos, al estilo hindú, cogiendo pellizcos de verdura en salsa con el pan. ¡Qué buenísimo todo! “Como se nota que no me gusta nada la comida y probar y saboreas nuevos platos”
Como guinda final una bolita de coco dulce, simple y exquisita, con helado típico hindú acompañado de mango. Ummm, mango y coco, dos frutas que me encantan, como sabían que estos postres iban a ser mi perdición.
Una buena exquisita cena en buena compañía para un estupendo día soleado en Hamburgo.
1 comentarios:
Oh! ¡Qué rico tenía que estar todo! Ayer María José nos preparó a Begoña y a mí una cena griega muy rica y un tiramisú de postre! Luego salimos un rato a bailar! Nos acordamos mucho de tí en El Salsero, porque sabemos que te gusta!
Disfruta lo que queda, ya mismo nos vemos!
Besos
Publicar un comentario en la entrada