Dia 1: vuelvo a Turín
El viernes a las 5:15 de la mañana me levanté tras dormir a penas 4 horas para iniciar mi viaje a Italia con destino Turín, el cual incluía tres trenes y un autobús para coger el vuelo Estocolmo-Milán, y luego un autobús y otro tren para llegar definitivamente a mi destino a las 17:20 . Fue un largo viaje de unas 12 horas, pero gracias a César, un peruano que con el que empecé a hablar en el autobús de camino al aeropuerto, el viaje se me hizo muy ameno, y a pesar de que me caía de sueño no podía dejar de escuchar la historia de su vida, que para mi asombro estaba relacionada con Pablo Neruda, Salvador Allende, llena de conflictos políticos que hicieron que viviera en Chile, África, Cuba, España y definitivamente más de 20 años en Suecia, donde tenía su exmujer y sus hijos, y recién jubilado se dirigía a Italia para darle una sorpresa a su hermana antes de volver a su tierra donde piensa comenzar un negocio y reencontrarse con su familia y el amor de su vida. Fue una apasionante historia con la que se podría escribir una magnífica novela, pero se quedará para mí, y es que nunca se sabe que persona puedes conocer ni en qué lugar del mundo. Fue muy agradable conocer a este hombre, pues no sólo hizo que el viaje fuera entretenido sino que también me dio opinión sobre la vida, Suecia y otros asuntos que me parecieron muy interesantes.
César sólo me acompañó hasta Milán así que una vez sola en la estación tomé conciencia de que estaba en Italia, donde las indicaciones brillan por su ausencia, el ruido y el jaleo provocado por bocinas, gente, palomas, trenes etc llenan el ambiente, y el caos y desorden lo diferencian de mi ciudad de origen. Me extrañó que en el billete no indicara la hora de salida del tren, que hubiese tanta venta ambulante cruzándose y atosigando a la gente y muchas personas morenas con grandes gafas de sol y muy arregladas….definitivamente eso no era Suecia, pero…¿dónde está el sol? En Milán estaba nublado pero en el tren de camino a Turín el cielo se abrió y pude disfrutar de los primeros rayos de luz en mi cara, al igual que lo he hecho durante todos los días del viaje.
Al llegar a Turín me encontré con el grupo de gente con la que he compartido este viaje: María y Juan Alberto, Jorge, David, y el hermano de éste que también se llama Jorge (llamémosle Jorge 2). Venía tan entusiasmada con la historia de César que junto con la cabezada que conseguí echarme en el tren tenía cuerda para tirarme hablando toda la tarde, contando la impresionante historia, mientras recorríamos andando el centro de Turín.
Más tarde cuando nos reunimos con Clara que estaba trabajando (como anécdota graciosa contaré que cuando llegué besé el suelo, me tropecé al ir a abrazarla y me quede en sus pies tumbada en el suelo haciendo una flexión de técnica impecable, y es que tenían que notarse las horas de gimnasio que estoy echando, no?), la bienvenida a Italia se culminó con la cena de pasta en la trattoria y con el helado italiano, lo cual fue todo un acierto, pues la última vez que la visité me fui sin probar tales majares de estas tierras e iba con la idea de que esta vez no podía irme sin probarlos, aunque no me imaginé que fuera tan pronto, así que el comienzo del viaje salió a pedir de boca.
Segundo día: Excursión a los Alpes y museo Egipcio
El sábado por la mañana madrugamos para subir a la montaña y ver la nieve, yo que venía de Suecia y había dejado mi pueblo nevado y frío, no tenía ni idea que iba a disfrutar de un día de nieve en Italia (supongo que Clara lo tenía todo pensado y por eso me puso tan bueno el plato el primer día, jaja, es broma). Pero fue una mañana estupenda, con un paisaje montañoso inigualable, acompañado, como no, con un sol increíble y un café a media mañana (uuuum, cappuccino italiano, que aroma, que bueno, qué diferencia con el café aguado sueco) nos hizo entrar en calor tras jugar con la nieve.
Me dio mucha envidia la cantidad de gente que estaba allí esquiado en las enormes y largas pistas, pues aunque en Skövde tenemos la mini pista no se puede ni comparar, pero tendré que intentar aprovechar la nieve de mi pueblo para practicar esquí de fondo que nunca lo he probado y tiene que ser también divertido.
Volvimos a la ciudad para comer al medio día y luego salimos para visitar el museo egipcio donde además de las diferentes ruinas, objetos, estatuas y jeroglíficos, había momias sequitas y tiesecitas. Fue un museo interesante e intenté inspirarme para mi proyecto, pues por ahora la temática del juego que están desarrollando mi grupo es precisamente egipcia, pero espero tener alguna vez la oportunidad de ver todo ese mundo en su país de origen.
Esa tarde nos separamos y Jorge y yo terminamos haciendo las comprar para el viaje del día siguiente, que junto con las sobras de compras anteriores nos equipamos bien para no pasar hambre al día siguiente que partiríamos a la preciosa ciudad de Venecia.
Tercer día: rumbo Venecia
Con mucho esfuerzo para movilizar a la tropa nos plantamos en la estación unos diez minutos antes de la hora de salida del tren, tuvimos problemas con las máquinas, pero Clara consiguió comprar los billetes dos minutos antes de la hora de salida, así que básicamente la puerta se cerró tras nosotros, y el estrés que pasamos nos hizo ser más previsores en las compras de los consecutivos billetes. Tras varias horas de tren entre cháchara, música y comilonas, nos plantamos en la estación central de la ciudad. Al salir a la calle, o más bien al canal, me vinieron a la mente escenas de la gente disfrazada con máscaras, pero esta vez no era carnaval, y lo que rodeaba la entrada de la estación era un barullo de gente.
Conseguimos encontrar el hostal en una calle muy estrecha, bastante cerca de la estación, aunque la ciudad de Venecia tampoco es muy grande, y resultó ser un lugar muy acogedor con los techos de madera y una decoración curiosa que me gustó mucho.
Dimos un paseo hasta que cayó la noche,visitando una exposición sobre inventos de Leonardo da Vinci,nos entretuvimos en las tiendas de máscaras, oímos misa en la increíble catedral de San Marco, cenamos en un restaurante y volvimos cansados por las intrincadas y estrechas calles para dormir y recuperar energías y poder así disfrutar de la ciudad al día siguiente.
Cuarto día: Bajo el sol de Venecia
Me costó despedirme de Venecia, una ciudad única donde la mayoría de las calles son de agua y los vehículos de los órganos públicos (ambulancia, taxi, policía local, correos…) son distintas lanchas que circulan junto con grandes barcos de mercancías y las típicas góndolas, las cuales a pesar de su larga longitud son capaces de recorrer los estrechos e intrincados canales gracias a la impresionante maña de los remeros que encaramados en un lateral maniobran con destreza. Es una ciudad preciosa, cada rincón tiene un color y un ambiente especial, tranquilo, colorido, donde el sonido del agua y las casas deterioradas por la humedad hacen que sea un lugar contemplativo, impresionante, romántico e incluso místico. Simplemente me encanta esta ciudad, y tras hartarnos de esperar a que se despertaran los más golfos, Jorge y yo volvimos a abastecernos de comida, fuimos a la estación para preguntar los horarios de tren para el próximo día y pasamos el resto del día pateando la ciudad: puente de Rialto, Catedral de San Marco, Torre de San Marco (donde pudimos disfrutar de las impresionantes vistas bajo el cielo azul y claro sol de Venecia), y callejeo por los barrios donde pudimos ver tiendas y locales alejados de la zona turística que mostraban un ambiente diferente de la ciudad.
Cuarto día: vuelo a Roma
El viaje a Roma fue en avión unos dos euros ida y vuelta, el mismo precio que conseguí para volar a Italia desde Suecia, y es que Ryanair no sé como sale a flote con estas ofertas pero mientras las consigamos aprovecharlas, conocer el mundo es cómodo y barato.
Al llegar al aeropuerto de destino buscamos la dirección del hostal en el portátil y con el metro (que estaba completamente pintado con dibujos con spray tanto por dentro como por fuera, una pasada) nos encontramos con un albergue no tan acogedor como el de Venecia, pero que tenia a disposición utensilios de cocina, frigorífico, Internet y una habitación para nosotros solos; lo cual nos permitió comprar verduras y otro tipo de comida distinta a bocadillos.
El paseo por la noche estuvo pasado por agua, pero pudimos visitar algunos rincones de la ciudad bastante bonitos como la Fontana de Trevi (a la que se tiramos una moneda deseando volver a visitar la ciudad) y disfrutar de esta ciudad monumental, aunque aun quedaba mucho por ver.
Quinto día: pateando Roma
A pesar de haber estado chispeando la noche anterior el día se levantó soleado aunque con algunas nubes que terminaron por encapotar el día sólo al final de la noche.
El comienzo del día fue un poco pesado, pues nos dimos un paseo cargando con las maletas hasta la estación y al ver que los precios eran impagables, volvimos al albergue donde ofrecían dejar el equipaje por tres euros por persona. A pesar de todo este contratiempo no nos impidió disfrutar de un largo día en Roma.
Visitamos el Coliseo, ruinas y más ruinas del Foro romano (jeje que como decía Jorge Roma está llena de piedras) el Panteón, La basílica de San Pedro donde está El Moisés de Miguel Angel , así como también vimos otra obra suya, La Piedad que estaba en el Vaticano (a cuya cúpula y museos no pudimos visitar porque cerraron pronto) y, muchos otros monumentos, y es que un día es demasiado poco para descubrir la cantidad de puntos de interés de la antigua capital del imperio romano.
Podría describir más detalladamente cada uno de los rincones, pues parece increíble que tanto edificio fuera posible que estuviera en pie durante tanto tiempo, el ambiente de esta ciudad antaño y la vida en la época romana me parece inimaginable; pero supongo que son los cambios que ha sufrido la ciudad a lo largo del tiempo y la mezcla de todos los edificios con la vida moderna lo que le da mayor encanto a Roma.
Sexto día: la larga vuelta a Turín
Como el vuelo de vuelta a Milán salía a las 7 de la mañana no dormimos en toda la noche e hicimos tiempo en el albergue y aunque ya no éramos huéspedes nos aprovechamos para hacer uso de la zona común hasta las 12 de la noche que caducaba el ticket del metro. Después tuvimos que pasar unas cuatro horas y media tirados esperando el autobús, pues la estación cerró a las 12 y media, la cafetería donde nos instalamos después cerró a las 2, y hasta que pudimos irnos al aeropuerto nos cobijamos en las escaleras de la boca del metro…una odisea; pero aunque fueron muchas horas encontramos la manera de matar el tiempo.
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Sólo conseguimos dormir a las 4 del medio día unas horas antes de dar un último y estupendo paseo bajo la luna llena de Turín, tras comer comida de verdad en un buffet en la via Po, y disfrutar de la ciudad desde lo alto de la montaña. Una buena noche para despedirme de Italia a la que sin duda regresaré
Día siete: vuelta a Skövde
De nuevo más de doce horas de viaje aunque esta vez entretenida con una novela escrita "El velo pintado", con la que disfruté y con la que me desperté esta mañana,pues me faltaron tres páginas para acabarla y al llegar, me encontré a Fran estaba de visita y se había quedado en mi habitaciòn,y como no me uní a la fiesta.
Puf, hoy también hay una de cumpleaños a la que no faltará nadie...menuda vuelta al trabajo, pero es que es vida erasmus :)
2 comentarios:
Madonna! (intento que sigas pensando que estás en Italia o bien en un capítulo de Los Soprano) Qué forma de aprovechar el tiempo! La cantidad de cosas que vistéis en un sólo día en Roma. Yo estuve dos o tres, no recuerdo, y no ví ni el Moisés ni la piedra esa con la boca para meter las manos (no sé qué de la Fortuna, ¿no? Qué inculta que soy).
Me alegro que lo hayas pasado tan bien!
Pásalo bien reina.
Besicos
Peaso de blogg!!! y peaso de viaje por italia que nos hemos pegado!! jajaja!! bueno! ya seguiremos en contacto!!1 que te valla bien, sueca! bss!!
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