El primer día, tras el viaje de tres horas en autobús nos dirigimos al albergue que estaba bastante cerca de la estación, y que estaba muy bien porque te daban las sábanas, buffet desayuno y una tarjeta para el transporte público. Nos encontrábamos agotadas, pues el día anterior apenas habíamos dormido por estar de fiesta, para variar jeje. Así que buscamos el centro de información turística, cogimos un mapa y preguntamos por un sitio barato para comer, pues una de las peculiaridades de esta ciudad aparte de su diversidad, es el precio, es muy cara, y lo que más me impresionó es que el agua vale más que la cerveza o los refrescos, 2.50€ el botellín pequeño, creo recordar. El único turismo que hicimos ese día fue el rodeo que dimos buscando el centro comercial que nos habían recomendado, al final acabamos echando toda la tarde de cháchara en una mesa tomando chocolate calentito con los Alpes suizos como panorámica. Aunque el día estaba nublado y hacía frío las grandes montañas se asomaban al fondo en un claro como se observa en la foto de abajo, eran preciosas y fue la última vez que las vimos.
Por la noche quedamos con Olga para cenar en su restaurante suizo favorito y pedimos toda una selección de comida típica realmente exquisita, pero nada mejor como la fondue de la que me enamoré, y me encantó no sólo por el sabor, sino porque el queso aunque estaba totalmente líquido y fundido, no quemaba, y te podías meter los trozos de pan cubiertos de queso directamente de la olla a la boca. En fin, dejando de lado mi deleite con la comida, el lugar era acogedor, predominado por el color rojo y protagonizado por una vaca, de la que tenían figurillas de colores colocadas curiosamente por todo el restaurante y dibujada de forma cómica en la carta. El ambiente fue ideal para darnos un festín y hablar relajadamente para ponernos al día de nuestras vidas después de un año sin vernos. Olga fue encantadora y lo tenía todo organizado, sorprendiéndonos con todo un planing de visitas a los lugares más importantes para el día siguiente.
A primera hora del sábado nos fuimos a la ONU para hacer la visita guiada, la cual fue finalmente en francés, pues aunque mi nivel de idioma mejoró mucho desde que llegué a Lyon, el inglés sin duda lo domino más, pero como se trataba sólo de escuchar y no de hablar, cedí ante el deseo de mi prima, que escuchó atónita todas las explicaciones y a la que visualicé como una auténtica “intrépete” cuando entramos en la misma sala en la que trabajaba Nickole Kidman en la película.
La verdad que fue una visita muy interesante y me sorprendí de poder seguir bastante bien todas las explicaciones por las salas del edificio, dos de las cuales están diseñadas por un artista español. Además, las vistas por las altas cristaleras de los pasillos eran muy bonitas y los jardines de alrededor tenían hasta pavos reales, como el que persiguió Mila a la entrada del edificio :P.
Hasta el medio día seguimos nuestra visita tal y como la había planificado Olga y de camino al centro pudimos disfrutar del sol a la orilla del río. Por la tarde quedamos con ella en el casco antiguo y nos invitó a tomar un chocolate y pasteles en uno de los lugares más típicos de la zona, y es que el chocolate suizo…ain qué riquísimo!, el que compramos simplemente no llegó ni a Lyon, y ya puedo verificar que los chocolates suizos están de escándalo. Menos mal que no nos quedamos por mucho más tiempo, porque me quedé con ganas de probar muchas más variedades jeje. A la noche quisimos volver a la tomar fondue de queso y como el restaurante del día anterior estaba cerrado, probamos uno típico frecuentados por los suizos, también muy bueno (por supuesto con una fondue tan buena como la que me conquistó la noche anterior) y peculiar, tanto en decoración como ambiente, que tanto a mi prima Mila como a mi nos resultó muy auténtico.
Al día siguiente la visita a al museo de la Cruz Roja también fue muy interesante y al medio día nos despedimos de una fantástica ciudad y una estupenda compañía, y las peregrinas tras realizar el camino de Ginebra regresaron a Lyon a seguir lyándola.