martes 17 de agosto de 2010

Intercambio de danza en Suiza, un viaje convertido en odisea

Ay! Qué pronto pasa el tiempo y por ello en mayo, ya mismo se acaba el curso y mis actividades extra-laborales, aunque afortunadamente sigo trabajando. Este año pensaba que la vuelta a Granada iba a ser complicada, y que nada me aportaría más que el año de Erasmus, pero aunque tardé tiempo en arrancar, una vez me llené mi tiempo libre de actividades, no he parado, y creo que no sólo he mantenido el ritmo e intensidad de mi vida, sino que lo he triplicado, incluyendo además mis viajes esporádicos. Esta vez, el viaje ha sido a Monthey (Suiza) el pasado7 de mayo, para poder disfrutar con mi grupo de este año de danza contemporánea, la maravillosa experiencia de poder bailar en un teatro enorme e importante, el Crochetan, como si fuéramos auténticos profesionales.
Cartel a la entrada del teatro de Monthey

Tengo que decir que la danza ha formado una parte importante de mi vida durante mucho tiempo, pero desde que me fui a estudiar a Málaga, hace ya cinco años, la danza para mí había perdido sentido, y no porque dejara de gustarme o porque me centrara más en mi carrera, sino porque deje de sentirla y disfrutarla, y se convirtió en una lucha contra mi cuerpo, una lucha contra mi misma, imposible de ganar, por querer y no poder, y aunque en el fondo nunca dejé la danza (me es inevitable moverme cuando escucho música), no ha sido hasta que he descubierto que no hay pelea en la que competir sino camino que andar y aprovechar; que tras el tiempo pasado he hecho las paces con mi “novio” (con mi danza) y conociéndome a mi misma y apoyándome en la oportunidad que me ha dado este grupo de contemporáneo, puedo disfrutar de nuevo plenamente del movimiento del cuerpo guiado por la música y sobretodo el sentimiento. Y más en este caso en Suiza cuando puedes mostrarlo y compartirlo sobre un escenario. A veces pienso que antes era más sensible, y vivía más intensamente las coreografías, pero también buscaba más la perfección del movimiento, y cubrir falsas expectativas, y eso me hacía sufrir, y aunque no hay que desistir en mejorar día a día, aceptar las cosas como son, lo hace todo más fácil, y bailar en un escenario un baile con un grupo y una música geniales, es facilísimo, y de este modo muy gratificante.

He descubierto que las cosas se disfrutan más cuando las compartes, y es por eso que me gusta escribir, aunque siento no tener más tiempo para ello, pues ya bastante poco duermo, pero supongo que aquellas cosas que más te gratifican y mejor te sientes, más quieres compartir, y es por ello que este post merece unas pocas de horas menos de sueño; y después de mi reflexión con la danza, ahí va el relato de la odisea suiza.

Así que con mi contemporáneo y practicando idiomas, conociendo gente nueva, disfrutando de la novedad de una ciudad, he estado en este viaje en mi salsa.
El grupo compuesto por 9 chicas (Alba, Ana, Araceli, Arrate, Garazi, Julia, Marisol es decir yo, Lara, Lucía), Hugo el único chico (fue la envidia de todo varón) y Lara la profe; en total 11 personas salimos desde Málaga destino Ginebra.
El grupo en el aeropuerto de Málaga

El viaje me permitió conocer más a las personas que me rodean, observar el paisaje frondoso y probar nueva comida…jo, que rico el chocolate, aunque me quedé con ganas de fondue de queso, pero cuando había hambre todo sabía mejor, y por probar que no falte. Los sándwich también tuvieron su protagonismo, los bocadillos con bollitos de leche que nos preparó con mucho mimo la mami adoptiva estaban buenísimos, y los sándwiches curiosos son los que trajeron el último día metidos dentro de una hogaza gigante, donde el relleno en lugar de ser miga, eran sándwiches variados.
Bombones Suizos
Tarta de chocolate con nata
Hogaza rellana con sandwiches

Cuando llegamos, las chicas suizas que vendrían a España a participar en nuestro festival, se organizaron para recogernos en el aeropuerto, nos llevaron directamente a Monthey, y allí comimos junto al teatro, el edificio donde permanecimos la mayor parte de la estancia en Suiza, ya que tuvimos el ensayo general el viernes al llegar y actuamos el sábado y el domingo. Pues aunque en pequeños grupos nos alojamos en distintas casas, y visitamos la ciudad de Sion, entre bailes e interminables esperas en el vestuario, el Crochetan se convirtió en nuestra principal morada.
Comiendo junto al Crochetan

Allí hubo tiempo de ensayar, de maquillarnos, de merendar, de aburrirnos, de ver a las niñas pequeñas bailar, de dormirnos, de divertirnos y de recorrer todas las salas del edificio.
Niñas en el escenario con fondo de estrellas
Escenario y butacas del Crochetan
Tiempo de arreglarnos
Esperando en el vestuario
Efectos secundarios tras largas horas de espera

Las cajas entre bambalinas es uno de mis lugares favoritos del teatro, donde se puede ver el juego de luces, oler el maquillaje y percibir el nerviosismo de los bailarines, pero las más graciosas son las nenas, con sus dulces vocecillas susurrando en francés.
Niñas en fila pasando por detrás de los focos tras el telón de fondo
Niñas entre bambalinas a punto de salir al escenario

El grupo viajó con mucha ilusión, sin duda nuestra arte, nuestras ganas y nuestro entusiasmo supimos contagiarlo, fuimos la parte misteriosa del espectáculo y dejamos el telón bien alto. Disfrutamos tanto como los enanos y muy guapos, dejamos al público con la boca abierta.
Cartel representante de nuestro grupo en la entrada del vestuario asignado
Foto de los grupos de intercambio España-Suiza

La estancia en mi casa adoptiva fue también realmente increible. En un principio tenían planteado que durmiese sola en casa de una chica, pero en el último momento resultó tener gatos y para evitar amanecer con una reacción alérgica debido a lo que me afectan el pelos de estos animales, Julia se intercambió por mí, y tuve la suerte de dormir en casa de Simone y su estupenda familia sudafricana. La pobre Julia, sin saber francés, y la suiza sin saber inglés ni español, no pudieron comunicarse y su primera noche fue un poco nefasta; pero suerte que había sitio para ella en la casa de la familia y pudo disfurtar junto conmigo y con Ana la fantástica casa los siguientes días.
En la base del valle la situación del hogar con ventanles enormes era perfecta para disfrutar de las altas montañas suizas,y el interior al estilo ikea-moderna no se quedaba corto, y hasta Julia aprovechó para hacer el reportaje fotográfico de la casa de revista. Lo curioso es que no tenían ningún tipo de seguridad e incluso la dejaban abierta cuando se iban; siempre me quedaba esperando en la puerta de entrada para que alguno trajera las llaves, aunque al final llegaban y tan sólo giraran el pomo por mi.
Ana y yo al salir de la casa
Mi camita en Suiza
Ana y Simone junto a la cena de bienvenida
Menudo desayuno, qué variedad de panes, mermelada y fruta, y es que hasta la piña hace juego con la vajilla.

Pero es que ha estado todo tan rico, la casa donde nos alojaron tan bonita, el paisaje de los montes de “Heidi” tan impresionantes con sus cascadas entre la frondosa vegetación bajo los picos nevados….en fin, un lugar ideal para terminar siendo una payasa haciendo payasadas

Igualita que una auténtica Payasita
Igualita que el niño pero más niña del exorcista que tierna
Igualita que el cuadro pero con algo más de ropa y algo menos de erotismo
Jeje, pero menos mal que no me quedé sola

El sábado fue el día de turismo, subimos al castillo de Sion, visitamos el mercado de antigüedades que había en la plaza central, y con el calor que hacía terminamos más cansados que si hubiésemos estado todo el día bailando, pero disfrutamos como niños de la ciudad, y sobre todo el parque de cristales…si si, de cristales, increíble pero cierto.
En la cima del castillo
En la entrada del castillo
Tras las murallas del castillo
Gramófonos en el mercado central
Navajas de todos los tamaños en el mercado
Objetos curiosos en el mercado
Parque de cristales de aristas romas
Detalle de cristales
Critales o nieve?
Jugando en el parque de cristales

Y para terminar a parte de bailar estupendamente, saludamos con un toque de elegancia, una rosa, y la nariz de payaso que nos repartieron debido al ser el día del circo, o en realidad no sé qué movida, pero tuvo su punto.
Los 11 artistas contemporáneos en Suiza

Así que cansados y satisfechos del fin de semana contemporáneo suizo, el lunes 10 de mayo a las 5:30 de la mañana en el aeropuerto de Ginebra para volver a casa, nos dimos cuenta que la historia continuaba; por la dichosa ceniza volcánica nuestro vuelo de las 6:40 sin más remedio estaba “annulé”, y nosotros “patidifusé”.

Sustituimos las dos horitas de avión por día y medio en tren haciendo parada un día en Barcelona donde gracias a la tita de Lara que nos abrió su casa con una estupenda tortilla de papas, una merecida ducha, y camas calentitas. Así que después de coger más de 10 trenes, quedarnos sin pasta y dos días después llegamos a Granada. Al menos pudimos pasear por la rambla de Barcelona, ver el puerto y alargar las vacaciones de una forma totalmente imprevisible, aunque las horas de tren y el cansancio acumulado tuvo efectos desesperados, y es que el viaje se convirtió en odisea, todos deseamos en un principio haber podido coger el avión (o en su defecto, haberme quedado en Lyon con mi prima hasta el sábado que podíamos coger el siguiente vuelo), pero fuimos como equipo y permanecimos juntos y unidos hasta el final.
Parada en Montpelier, y lo que queda…
Un viaje totalmente inolvidable. A ver qué pasa el año que viene, que con una vuelta más directa, espero que se pueda repetir.
Colorín colorado, esta odisea se ha acabado :)

1 comentarios:

laura dijo...

Marisol, ¡me ha encantado tu relato!

Qué chulos los cristalitos, las niñitas bailarinas, la mesa con la piña, las rosas, etc. Y a tí se te ve muy contenta en todas las fotos. Me ha hecho gracia la del "exorcista".

Pero lo que más me ha gustado ha sido que por fin estés muy contenta con la danza!!Sigue disfrutando mucho mucho, ¿vale?

1 besote!!

Pd.: La audiencia grita: "¡¡Namibiaa, Namibiaaa!!"