miércoles 5 de enero de 2011

Viaje a Namibia - Dia 1 - martes 6 de julio - vuelo Johannesburgo

Primer día de vuelo. Mis primos Mila y Victor, junto con mis tíos Manolo y Maribel y yo, salimos de Otura a las 8 de la mañana en un minibús, y hacemos ruta por las Gabias para recoger al resto del equipo: Plegue, Mónica, Diego, Lola, Álvaro, Carmen, David, Alex, Jesús y Marisa y dirigirnos al aeropuerto de Málaga de donde sale nuestro primer vuelo a Frankfurt (Alemania).

El inicio del trayecto estaba lleno de tensión y nerviosismo debido al estrés de dejarlo todo a punto antes de la partida junto con la emoción del viaje que nos esperaba. Tensión que se fue relajando poco a poco cuando todo el equipo estábamos juntos y en camino a nuestro destino, sin posibilidad de echarse atrás, pues ya sólo quedaban largas horas de viaje y una gran aventura por vivir perdido en el mundo sin control del tiempo (sin reloj y sin mi móvil que dejé en casa). Fue en el trayecto a Málaga cuando me enteré realmente que llegaríamos al día siguiente por la tarde a Namibia, y que la segunda escala no era en Alemania, sino en la capital de Sudáfrica; que inculta de mi, sólo habría hecho falta hacer un poco de caso al mundial, para saber dónde estaba Johannesburgo. También fue entonces cuando me nombraron tesorera del viaje y metí el fondo del grupo en mi monedero retro que cogí previendo el inevitable cambio de moneda, para que no se me mezclaran euros con dólares namibios, pero jamás pensé que fuera a responsabilizarme del dinero común y llevar las cuentas.



A las 12 y media facturamos con la consecuente pelea con los billetes para que tuviésemos los asientos asignados juntos, pero no fue posible, y tampoco que a algunos nos imprimiesen los siguientes vuelos en escala a Johannesburgo (Sudáfrica) y Windhoek (Namibia). El vuelo salió a la hora prevista, las 13:35 y llegamos a nuestro destino a las 16:30. Allí a mi tío Manolo, debido a la asistencia que tienen para minusválidos, en lugar de ofrecer una silla de ruedas, nos recibieron como pasajeros VIPS y nos recogieron en la salida y nos llevaron a la siguiente puerta de escala en un automóvil, al cual, como guiris, no pudimos evitar echarle fotos. Y es que los alemanes siempre se lo marcan, cada vez que viajo por esas tierras me encuentro con curiosidades, como el triciclo-basurero-ecológico que iba recogiendo las papeleras de la zona de embarque con los tres cubos correspondientes de reciclaje, o el peso en la caja de la tienda que se iluminaba en verde cuando el cambio de monedas que te daba era el correcto.


Más tarde solucionamos sin problemas el tema de los billetes que tuvieron que reimprimirse por ser una compañía sudafricana la que gestionaba el vuelo, South Afrincan Airways. Como nuestro siguiente vuelo no salía hasta las 20:45, aproveché las largas horas de espera para leer la guía de viajes en inglés que habían comprado mis tíos sobre Namibia y saber un poco más sobre el país, pues ya me sentía demasiado ignorante después de haber situado a Johannesburgo en Europa y no en África. Menos mal que al menos estando en Suecia, en una apuesta de mi amigo Rubén (rubipedia desde entonces) que decía saberse muchas capitales del mundo, le pedimos que dijera la capital de Namibia como prueba y acertadamente dijo Windhoek; y así me hizo conocer el nombre antes de viajar a dicho país, pero ¡madre mía, quién me diría a mi que al año siguiente iba yo a viajar hacia aquella ciudad!.


En la guía pude encontrar cosas muy interesantes, con datos que me hicieron comprender qué significa viajar al sur de África a un país subdesarrollado amenazado por la desigualdad. Según ésta, Namibia tiene 2.108.000 habitantes, de los cuales sólo 85.000 son blancos, y es el 5% de la población la que controla ¾ de la economía del país (no me quiero ni imaginar que número de blancos entran dentro de este 5% de ricachones, si es que cabe alguno de otro color). La densidad de población es de 2 personas/km2. El 55% de la población vive con 2€ al mes, es decir, que un vendedor puede reunir al mes unos 75€ (¿pero eso acoso le da para comer? Puf, y eso que una vez allí, comprobé que el precio en el supermecado es prácticamente igual que en España). Más de la mitad de la riqueza del país proviene de la industria minera, a la que se dedica sólo un 8% de la población, mientras que la agricultura a la que se dedica más de la mitad de la población supone un 3% de las ganancias. El turismo y la venta de carne son otras fuentes importantes de ingresos para el país. La tasa de natalidad es de 0.95%, menos de lo que me esperaba, sin embargo la esperanza de vida es de 51 años y en algunas zonas de 43 años, siendo el SIDA la mayor causa de muerte. Otro dato que me sorprendió es que el 25% de las mujeres sufren maltrato, lo que supone 1 de cada 4, es demasiado, ¿no?. El 85% de la población recibe educación y es un país dominado por las creencias, donde entre el 80% y el 90% son Cristianos, aunque en muchas zonas es sincrética y se mezclan las antiguas creencias tribales con las religiones. Por ejemplo en la cultura de los Himba, los Sam y los Hereros veneran a los ancestros y son animistas, dotándole así también de espíritu a la naturaleza que les rodea. En Namibia hay un total de 12 grupos étnicos, los Owambo (50%, con una cultura más agresiva), Kavango (9% bien dotados para trabajar la madera y con un baile en filas característico), los Herero (las mujeres visten con trajes coloridos y sobreros con cuernos) y los Himba (cuyas mujeres se tiñen de ocre) suponen un 7%, los Damara (7%), los Caprivian (4%), Nama (5%, etnia que luchó contra los Herero por tierras), los africanos blancos y alemanes (6%), los Basters (6.5% que son la descendencia que surgió del cruce de la colonia alemana con las mujeres indígenas), los Sam (1% los considerados el inicio de la humanidad), los Tsawana (0.5%) y el 4% restante que correspondería a los mestizos. En el mapa mostrado a continuación muestra el plano de Namibia tras la comisión Odendaal de 1964, en al que el país quedó dividido en zonas según las etnias (dibujo sacado de la wikipedia).


Namibia es un país independiente y democrático desde 1989, gobernando por mayoría desde entonces el partido político SWAPO (South West African People’s Organisation). Otros datos curiosos que pude leer fueron que la hija de Angelina Jolie y Brad Pitt nació en Namibia (ya le vale a la Angelina irse hasta Namibia para parir) o que “elenga” significa jefe del clan. También pude sacar una lista de las comidas y bebidas más típicos para probarlos, de los que me llamaron la atención las espinacas con cordero o los donuts rellenos de miel, así como el vino de sandía o el licor de palmera makali destilada, pero nada de esto encontramos, aunque sí que bebimos mucha cerveza sudafricana Castle y Tafel.

Para probar el vino aproveché el catering del vuelo a Johannesburgo, que además de la cena y el desayuno ofrecieron bebidas varias veces, y es que hasta las 07:15 que llegábamos había tiempo de sobra. Como buen transatlántico iba equipado con una pantalla individual con juegos, películas, música y unas pantallas con datos curiosos sobre el vuelo (-55ºC en el exterior, 900km/h, 12300km de altitud, más de 8000km de distancia) e imágenes de la cámara en la cola, el dibujo de la luz y el sol sobre el globo terráqueo, ejercicios con los pies para prevenir el mal del viajero, así como una manta, almohada y bolsita de aseo del mundial con un cepillo y pasta de dientes, antifaz para dormir y unos calcetines, para ofrecer un viaje cómodo y entretenido durante las 10 horas de vuelo. Sin embargo, poco se podía hacer para evitar permanecer sentado las largas horas de vuelo como sardinas en lata con una ocupación completa del avión y un 95% de alemanes que se dirigían a la capital de Sudáfrica para ver la semifinal del mundial que jugaban contra España. Cómo se extrañó el alemán que iba sentado al lado mía al saber que era española y no aprovechara la ocasión para ver el gran evento deportivo, pero es que para nada me interesaba cambiar un partido de fútbol por la gran experiencia de safari, sabiendo que lo más seguro que la paliza de viaje que tuvimos que soportar con las dos horas de juego en un estadio lleno de vuvucelas, que además de impedir escuchar el arbitraje te da dolor de cabeza, salía mucho más caro que mis 18 días de aventuras en Namibia; ¡si es que no podía comparar!, pobres alemanes, perdieron, tiempo, dinero y el partido.

(Imagen de la pantalla del avión con las instrucciones sobre los ejercicios para favorecer la circulación. Tenía mi Flipflow, pero lo dejé en la mochila que la usé de reposapies, y de vez en cuando movía los pies...tanto diseño para luego pasar del tema...¡desde luego!)


Al final me entretuve viendo dos películas infantiles, una en francés y otra en inglés para practicar idiomas, pues poco me duró la conversación con el alemán (poco sabía de futbol) y mi prima pronto se quedó dormida. Aunque tenía ganas de investigar más cosas en la pantalla (tenía cientos de películas y discos de música), el sueño y el aburrimiento me pudieron y finalmente me quedé dormida.