jueves, 6 de enero de 2011

Viaje a Namibia- Día 3- jueves 8 de julio - Windhoek – Huella Dinosaurios – Río Ugab (330 km)

La primera mañana en Namibia fue bastante fría. La capital al estar en un altiplano a 2000m sobre el nivel del mar, por las noches hiela, pero la suave música de Enya que puso mi tío Manolo fue despertándome y animando el frío ambiente matutino. Después desayunamos un rico pan con pasas, reorganizamos el maletero lleno con la comida, las maletas, las sillas, la mesa, la rueda de repuesto ect…para que encajara todo y dejar lo que se usa más a mano, y por ser los tardones tuvimos refuerzos para plegar y cerrar la tienda con la dichosa cuerdecita.

Como la noche anterior entramos casi de infraganti, antes de salir tuvimos que registrarnos y pagar el Arebbusch-travel lodge-camping. Justo en frente había una gasolinera y paramos a repostar llenando los dos tanques de los que estaban provistos los grandes 4x4 para llenarlos de energía y comenzar así nuestra trayectoria con las provisiones completas.
(Mi tita Maribel al volante, menuda conductora!)
(Mi tito manolo con el walkie-talkie, comunicándose los otros dos grupos de la expedición)
(El trío de primos aún dormidos…a ver si espabilamos que estamos en Namibia!! )

Las carreteras de la ciudad estaban llenas de cruces, pero en la mayoría de los casos no había semáforos y utilizaban stops en todas las direcciones, y sin llegar a entender la prioridad al final terminamos aplicando la ley de tonto el último, es decir, salía el coche que llegaba y paraba primero. Cruzábamos pisando el acelerador a tope, aguantando la respiración y encogiendo los hombros esperando no escuchar ni sentir nada extraño en el giro.
En cuanto empezamos a conducir por carriles y cogimos algo de velocidad, el coche comenzó a emitir un silbido ensordecedor; y el hecho que de que la tienda no tuviera una buena funda agudizaba aun más el sonido, aunque al cabo de un tiempo terminé por acostumbrarme y olvidarlo, callándolo con mi asombro con el paisaje desértico que rodábamos.

Ese día tomamos la ruta hacia el oeste hacia Otjwarongo a 237km, a ver huellas de dinosaurios y en el camino nos encontramos a multitud de animales: marabú (que es la cigüeña que aparecen volando al inicio de la peli del rey león), blue/waxbill (un pajarillo tipo gorrión regordete de color celeste ¡más collejo!), facóceros con su crías en fila (es decir, Pumba, para los entendidos del mundo Disney), un elegante y gran Orix (ciervo plateado con un antifaz negro que se extiende desde los ojos a modo de lágrimas hasta la cola bajando por el cuello y cruzandose por la parte baja del brillante lomo plateado, y con sus largos e imponentes cuernos negros y rectos- fui la única que lo vi ese día y jamás pensé que existía un bicho tan bonito- también sale en el rey león, pero nunca me pregunté qué era), kálao (llamado Zazú hasta varios días después que conseguí memorizar el nombre del consejero de rey de la sabana), azor fantasma (un águila gris de pico rojo intenso), buitres, mandriles corriendo, ardilla sudafricana y sprinbuck (gacela).
(“Victor, ¿has visto ya al pájaro? Entre tu gorro y sin prismáticos no veo ná, ¿qué es?)
(“¿pues no lo ves? No es un pájaro cualquiera, es un águila llamada Azor Fantasma, lo pone aquí en la guía. Jo que chula, es preciosa, te quedas embobado mirándola, no se mueve, está posando, qué bonita”)

Una de las cosas que más me llamó la atención en la carretera fueron las señales de tráfico, casi todas triangulares, con peligro a bichos como los que estábamos viendo, o curva (ojo, señalizada en ángulo recto) o a valla o a badén con agua (¿agua seguro?).



(“¡oye!, El grupo que está fotografiando la señal, ¿no veis lo que dice? ¡Qué os estáis perdiendo los pumbas de verdad, se os están escapando los facóceros por detrás del coche!”)


Cada varios kilómetros había áreas recreativas, formadas por una mesa con unos bancos de cemento, y un par de cubos de metal bajo la sombra de un gran árbol. Toda la carretera estaba vallada (es increíble la de kilómetros de valla que existe en el país, y lo que habrá tenido que costar), lo cual impedía que los animales grandes invadieran la calzada, pero también limitaba la zona de urinario, que solía localizarse entre las dos puertas del coche, por lo que luego había que estar atento para no pisar la meada antes de volver subir al vehículo.
(área recreativa)

El paisaje de la zona estaba dominado por enormes termiteros de arena roja que en ocasiones sobresalían por encima de los arboles, encinas llenas de nidos.

(tronco seco y tronco vivo comparte la raíz de un mismo árbol)

Durante el trayecto Mila, que estaba leyendo sobres las etnias de Namibia, nos informó de que esa zona era antiguamente propiedad de los Herero, pero que cuando invadieron las tierras las colonias alemanas, el 80% de estas tribus fueron exterminadas, y muchos Herero se tuvieron que ir a Botswana (país colindante al norte de Namibia). No recuerdo si nos cruzáramos algún coche aquel día, pero lo que si nos llamó la atención fue el grupo de jóvenes en un coche saludando al otro lado de la valla, ¿serían de la etnia Herero?

Es un país impresionante, tan diferente…si sale el sol te quemas, si se esconde te hielas. El estar en el coche relajado te permitía quedarte absorto en el paisaje, reflexionar sobre lo que observabas, pensar o hablar de todo tipo de temas. De hecho la frase que anoté ese día en mi cuaderno fue “los humanos no describimos la realidad, damos juicios. Muchas veces esto hace que si juzgamos a la gente, le hacemos daño, y no lo haríamos si nos limitásemos a describir”. A pesar de rodar por un paisaje que se repetía constantemente, estando atentos, los animales de vez en cuando despertaban la atención del grupo, así como nos llamaban la atención las señales de nuevos animales, o curiosidades extrañas, como el chasis de un camión usado como puesto de vigilancia, o nuevas plantas, como los pies de elefante que son como brotes de jengibre blancos gigantes.




Después de todo el trayecto en carretera, finalmente al atardecer llegamos a las huellas de dinosaurio.
(Yuju, en busca de las huellas del pasado)
(para encontrar las huellas tuvimos que andar entre extrañas rocas volcánicas, junto a una laguna espectacular que estuvimos contemplando un buen rato)
(huellas grandes)
(huellas pequeñas)
(camino de huellas)
(impresionante atardecer anaranjado, y pillo a mi tito Manolo haciendo el Michael Jackson jeje)Lo curioso del atardecer estando boca abajo, en esta parte del globo terráqueo, es que el color anaranjado apenas duró, como si el sol se colara por detrás de las montañas. Cuando nos dimos cuenta de que estaba atardeciendo, el sol ya no estaba y al regresar a los coches ya era de noche.

Tras la visita, Diego el experto en fuego, montón una hoguera y nos dimos un buen homenaje con nuestra primera barabacoa de carne bajo el cielo estrellado, al son de las canciones de guitarra que trajo Álex, todo un acierto, pues ambientaron las veladas en la silenciosa sabana.


Con los estómagos ya llenos, echamos tres horas más de coche para acercarnos a nuestro destino previsto. Encontramos animales muertos en carretera y finalmente acampamos en el bosque cerca de un río seco, pero como de la nada el bosque del terror, húmedo y árboles gigantes nos acogió para pasar nuestra segunda noche en el país y nuestra primera a la intemperie.